SÉPTIMA CÁTEDRA

Realmente el planeta Tierra merece ser estudiado profundamente. Quieren los habitantes de la Tierra viajar a otros mundos, cuando en realidad de verdad todavía no conocen el propio mundo en que viven.

En todo el planeta hay diversos hechos, sucesos, fenómenos completamente desconocidos para la ciencia oficial. No está de más el recordar algunos hechos que suceden en los mares. Empecemos por hacer reminiscencia de ciertos fenómenos que acaecen a algunas criaturas de los océanos.

Por allá por el año 1917 fue observada en la costa de Massachussets (Estados Unidos) una serpiente marina que medía 27 metros de longitud. La Sociedad Naturalista de Boston la estuvo estudiando detenidamente, jamás se volvió a ver por aquellos contornos, es obvio.

Un barco de arrastre, por ejemplo, capturó a un renacuajo en estado larvario que medía dos metros de tamaño. Si se le hubiera dejado desarrollar de acuerdo con los estudios naturalistas habría alcanzado el tamaño de 22 metros de largo. Ese tipo de criaturas en realidad de verdad es desconocido en general, ¿cómo viven?, ¿Cómo actúan?, ¿Dónde se desarrollan, tales criaturas?, ¿Por qué existen?

Pensemos nosotros en aquel famoso pez azul, que se consideraba desaparecido. Se le ha llamado siempre en forma dijéramos poética con un nombre que nos recuerda al canto, la voz, la poesía. Me refiero francamente al Coleocanto. Francamente tal animal es un poco extraño. Tiene extremidades muy parecidas a las de los seres humanos, y vive especialmente en el fondo del Océano Indico; no olvidemos nosotros que precisamente en el océano Indico existió la Lemuria. Esto significa que todavía, a estas horas de la vida, aquel pez sigue existiendo en la mismísima Lemuria. Vive en las profundidades, rara vez ha salido a la superficie.

Incuestionablemente, las grandes profundidades del océano Indico resultan extraordinarias. Nos deja mucho que pensar la existencia de un animal antediluviano en pleno siglo XX. ¿Por qué existe en pleno siglo XX?, ¿A qué se debe? Se encontró alguna vez los restos fosilizados de un pez de ésos. Se le calcularon dieciocho millones de años de existencia. El Calicanto era muy conocido hace sesenta millones de años. Es asombrosa la figura del Coleocanto. Llama la atención que tenga desarrolladas las extremidades, es decir, miembros parecidos a los brazos, a las manos o los pies del ser humano. Aún existe y esta perfectamente vivo.

¿Criatura antediluviana existiendo en pleno siglo XX? ¿Qué podrían decir los antropólogos materialistas sobre una criatura así? ¿Cuál sería su concepto? Todo esto nos invita a la gran reflexión. ¿Qué diremos nosotros en verdad sobre el Monosauro o Ictiosauro de tiempos arcaicos? Todavía sigue existiendo en las profundidades terribles del Pacífico. ¿Qué saben sobre eso los hombres de ciencia? Absolutamente nada. Así que en verdad conviene que nosotros sigamos explorando todas estas cuestiones para formarnos un concepto claro, preciso.

Las anguilas, por ejemplo, resultan bastante interesantes. Bien sabemos que algunas anguilas procedentes de Europa y de América se dan cita en el Mar de los Sargazos con el objeto de reproducirse, pero lo interesante es que nunca regresan al punto de partida original. Quienes en verdad retornan son los hijos. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué no regresan los padres sino los hijos? ¿Cómo podrían explicar esto los antropólogos de la ciencia materialista? ¿Qué es lo que saben sobre el particular? Estoy seguro que ellos ignoran totalmente estas cuestiones.

Pasemos a la cuestión del atún, que en realidad es algo que merece reflexiones. Los atunes que salen del Brasil se dirigen hacia Escocia, posteriormente se acercan a Europa y pasan cerca del Mediterráneo. Pero raro es el atún que se mete por el Mediterráneo. ¿Qué podrían decir de todo esto los hombres de ciencia? ¿Por qué no entran las corrientes migratorias del atún dentro del Mediterráneo" ¿Quién las dirige? ¿Por qué lo hacen? ¿En qué época de la vida los señores de la antropología materialista han definido estas cuestiones? Si ellos pretenden tener la Sabiduría del Universo, ¿por qué no han hablado alguna vez sobre estos asuntos? En realidad de verdad estas gentes materialistas no solamente ignoran, sino que, lo que es peor, ignoran que ignoran y eso es gravísimo.

Hay grandes calamares, monstruos gigantes dotados de enormes tentáculos, sobre los cuales la ciencia materialista nunca ha hablado nada. Huellas de esos tentáculos se han encontrado en las ballenas. Incuestionablemente todo eso indica grandes luchas en las regiones abismales. Hay peces lagartos también de origen desconocido, sobre los que la antropología materialista no ha hablado jamás en la vida.

Continuando hacia adelante, hablaremos también de ciertos fenómenos que son desconocidos para los señores materialistas. Bien, sabemos que existen ríos en el mismísimo mar a centenares de metros de profundidad, que marchan en direcciones opuestas, ¿por qué lo hacen?, ¿Por qué un río vecino de otro marcha en dirección opuesta y en el mismo océano?

Giran estos ríos, bien lo sabemos, los del Norte de izquierda a derecha, como las manecillas de un reloj visto de frente; los del Sur a la inversa, pero ¿por qué no gira la corriente de Benguela?, ¿Qué pasa?, ¿Que explicación daría la ciencia materialista sobre el particular?, ¿Por qué callan esos tontos científicos?, ¿Qué pueden decirnos sobre todo eso?

Frente a las costas del Perú, a 1.500 metros de profundidad, se han podido observar columnas muy bien labradas, muy bien talladas de edificios atlantes, y se han logrado obtener magníficas fotografías sobre el particular. Queda así demostrada la existencia de Atlántida. Pero los tontos científicos continúan, como siempre, negando, negando.

Hay civilizaciones desaparecidas, como la de la isla de Pascua, donde existen hoy en día efigies gigantescas, enormes cabezas humanas talladas por manos de gigantes. Nunca ha dicho nada la ciencia materialista. Calla, calla, calla...

¿Qué diré de la Antártida? No hay duda de que antes de la revolución de los ejes de la Tierra, en los Polos Norte y Sur existieron poderosas civilizaciones. Incuestionablemente, en los hielos de la Antártida deben existir restos de esas antiquísimas culturas. Un día llegará en que la pala de los arqueólogos podrá desenterrarlos. Mientras tanto, la ciencia materialista, calla, calla como siempre sin dar explicaciones.

Existen también olas gigantes, monstruosas, en mares tranquilos y serenos, olas aisladas que no tienen una razón de ser, una justificación precisa. Me refiero precisamente a las olas "seiche". ¿Cuál es su origen? ¿Algún terremoto submarino? ¿Cómo podrían explicar esto los señores científicos materialistas? ¿Qué dirían sobre esto los enemigos del Eterno? En realidad de verdad, no solamente ignoran, sino que además ignoran que ignoran. Que haya olas en los mares furiosos, aceptado. Pero que en un mar tranquilo venga una ola extraordinaria, aislada, solitaria, gigantesca y monstruosa sin saber por qué, es algo que nunca ha tenido explicación científica. Sin embargo esos hechos suceden en el océano y la ciencia materialista no ha podido explicar eso nunca, jamás.

En esa cordillera del Atlántico que rodea la cordillera submarina donde antes existiera el gran continente atlante, existen alrededor de cien mil terremotos anuales y resulta esto interesante, bien sabemos que terribles terremotos y grandes maremotos acabaron con el continente atlante. Pero todavía, a estas horas de la vida, y en pleno siglo XX, sigue temblando la Atlántida sumergida.

Conviene que nosotros reflexionemos sobre todas estas cuestiones, pues en el fondo son bastante interesantes. Incuestionablemente el planeta Tierra no es conocido por los antropólogos materialistas. En realidad de verdad continúa este mundo Tierra convertido en un verdadero enigma para la ciencia materialista.

Algunas langostas llenas de púas se reúnen en cantidades suficientes como para formar una migración y descienden por la plataforma continental, lentamente, caminando hasta llegar a la llanura abismal con rumbo desconocido. ¿Qué dirían sobre esto los hombres de ciencia? ¿Qué explicación le dan? ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Cuál es exactamente la meta? ¿Por qué realizan esta clase de migraciones? ¡Enigmas que no entienden los científicos materialistas!

Nuestro planeta Tierra no ha sido siempre como es ahora, ha cambiado su fisonomía geológica varias veces. Si nosotros examinamos los cuatro mapas de Elliott Scott veremos que la Tierra, hace un millón de años, era completamente diferente. Esos cuatro mapas geográficos merecen ser tenidos en consideración. Se parecen a cuatro mapas que existieron y que todavía siguen existiendo en algunas criptas subterráneas del Asia Central. Tales mapas son desconocidos para los sabihondos de la ciencia materialista. Se guardan secretamente con el propósito de conservarlos intactos, pues bien sabemos que los señores de la falsa ciencia están siempre dispuestos a alterar todo con tal de justificar sus tan cacareadas teorías.

El primero de esos mapas de Elliott Scott llama mucho la atención, resulta interesantísimo. En él se ve lo que era el mundo hace unos ochocientos mil años antes de Jesucristo. Entonces la región de los braquicéfalos de la tan cacareada antropología ultramoderna no existía.

Desde el estrecho de Bering, pasando por Siberia y Europa hasta Francia y Alemania, lo único que había era agua. No había surgido propiamente dicho la Siberia y la Europa de entre el fondo de los océanos.

Del África no existía sino la parte oriental, porque el Oeste y el Sur de aquel continente estaba sumergido entre las olas embravecidas del océano. Aquel pequeño continente que entonces existiera en el África Oriental era conocido con el nombre de Grabonci.

La América del Sur estaba hundida entre las aguas del océano, no había surgido a la existencia. Estados Unidos, Canadá, Alaska, todo eso estaba sumergido entre el océano y sin embargo ¡México existía!

Parece increíble que ochocientos mil años a. de Jesucristo ya existía México. Cuando todavía Europa no existía ¡México existía! Cuando Suramérica no había salido de entre el fondo del océano ¡México existía!

Esto nos invita a comprender que entre las entrañas de esta tierra sagrada de México, tan arcaica como el mundo, existen tesoros arqueológicos y esotéricos extraordinarios que todavía no han sido descubiertos por la pala de los arqueólogos.

La Lemuria fue por aquella época un gigantesco continente que se extendía por el Pacífico, que cubría toda esa área de la Australia, de la Oceanía, el Indico, tan gigantesco, y que se proyectaba por todo el Pacífico hasta esos lugares donde más tarde brotó Suramérica. Vean Uds. ¡cuán gigantesca era la Lemuria, cuán enorme!

La fisonomía del globo terráqueo era pues completamente distinta hace unos ochocientos mil años a. de Jesús el Cristo. La capital de la Atlántida era Toyan, la ciudad de las siete puertas de oro macizo.

Dirán los antropólogos materialistas, que no ven más allá de sus narices, que en qué nos basaremos nosotros para poder hablar sobre la gran capital. Quiero decirles a esos señores que tanto han hecho por quitarle a la humanidad sus Valores Eternos y precipitarla por el camino de la involución, que tenemos datos exactos para poder hablar sobre Lemuria, que hay mapas que se conservan muy en secreto en algunas criptas subterráneas, que indican donde estaba Toyan, la capital de la Atlántida.

Así pues, que si hablamos, lo hacemos con pleno conocimiento de causa. Si citamos a la Lemuria y a la Atlántida, es porque fueron continentes que realmente tuvieron existencia real. Que bien sabemos nosotros que hasta el mismo Darwin aceptó la existencia de la Lemuria.

Toyan estaba situada en un ángulo, en el suroeste de aquel gran país, frente a la costa sudeste o suroeste de una franja de tierra que se extendía claramente hasta el Loira, y el Mediterráneo, y este de África, y por último llegaba hasta el sur de Asia, que ya existía. La Atlántida en sí se proyectaba desde el Brasil hasta las Azores, eso está completamente comprobado, y desde Nueva Escocia, directamente por todo el océano Atlántico.

Así que en realidad de verdad la Atlántida cubría en su totalidad el océano que lleva su nombre. Era un gran país. Imaginen por un momento ustedes a la Atlántida proyectándose hasta las Azores, hasta Nueva Escocia y descendiendo hasta donde hoy es Brasil. ¡Cuán enorme continente era! Se extendía de Sur a Norte, era grandioso. Se hundió a través de incesantes terremotos. Varias catástrofes fueron necesarias para que la Atlántida desapareciera definitivamente.

Así que, en realidad de verdad, el escenario del mundo ha venido cambiando, la fisonomía de este globo terrestre no ha sido siempre la misma y en ella se han desenvuelto distintas razas humanas.

Pero antes que todo, es urgente revisar los distintos cambios geológicos por los cuales ha pasado la Tierra. Comprendemos que cada raza ha tenido un escenario, que necesitamos conocer el ambiente, el clima, las condiciones en que ha tenido que vivir y esto es indispensable.

Nosotros necesitamos en verdad estudiar cuidadosamente la fisonomía del mundo en los tiempos antiguos, los distintos cambios geológicos por los cuales la Tierra ha pasado. Sólo así podremos formarnos un concepto claro, preciso sobre el origen del hombre, de sus diversas culturas, de sus distintos procesos evolutivos e involutivos. Mas si desgraciadamente nosotros quedáramos completamente embotellados en todos los prejuicios contemporáneos, no lograríamos en verdad conocer nada sobre la Geología y mucho menos sobre los procesos de evolución y desarrollo de la raza humana.

Es necesario inquirir, investigar, analizar un poco... Hay muchos enigmas sobre la faz de la Tierra que son desconocidos por la ciencia oficial. ¿Cómo es posible que el Ictiosauro o Monosaurio, que perteneció a épocas como las del Plioceno, siga existiendo en pleno siglo XX dentro de las grandes profundidades del Pacífico? Son enigmas que hasta ahora la ciencia materialista en realidad de verdad no ha podido descifrar, ni comprender.

A través de estas pláticas tenemos nosotros que ir conociendo los distintos escenarios del mundo. Tendremos que echar luz en las tinieblas. Una vez que hayamos puesto los fundamentos científicos de la antropología gnóstica, entonces revisaremos las antiguas culturas. Es indispensable saber cómo fue que surgieron los pelasgos en Europa. Es necesario conocer las culturas arcaicas. Es urgente saber algo de la civilización de los hiperbóreos, etc.

Cuando se dice que las culturas de América vinieron a través del estrecho de Bering desde el continente asiático, se está aseverando una espantosa falsedad, porque los mapas antiguos demuestran que el estrecho de Bering, la Siberia, el Canadá y los Estados Unidos ¡no existían!.

Hace ochocientos mil años México tenía una población solemne, maravillosa, separada del estrecho de Bering por los grandes océanos. Así que la ciencia materialista está hablando de lo que no ha visto, de lo que no le consta. Nosotros estamos hablando sobre la base de mapas como los de Elliot Scott y en otros similares que se encuentran en las criptas subterráneas de la cordillera del Himalaya, en el Asia Central.

Los que aseveran que la raza humana llegó a América a través del estrecho de Bering, están demostrando una gran ignorancia, un desconocimiento total de las antiguas cartas geográficas. Con esa clase de aseveraciones los antropólogos materialistas están engañando a la opinión pública y abusan de la inteligencia de los lectores.

Nosotros, repito, somos amantes de la investigación científica, del análisis exacto. No nos permitimos el lujo de aceptar teorías materialistas, no somos los tontos que nos vamos a dejar engañar por las suposiciones basadas en falsos utopismos.


GLOSARIO SÉPTIMA CÁTEDRA

BENGUELA: (corriente de) corriente marítima ubicada frente a las costas africanas. No se ha podido explicar satisfactoriamente el por qué esta corriente se curva hacia el este para llegar a las costas Africanas.

BRAQUICÉFALO:Género de anfibios fanevoglosos bufoniformes, de la familia de los fiiniscidos, comprende una sola especie.

CALAMAR:Nombre vulgar de los moluscos cefalópodos dibranquios, de la miopsidos comprendidos en el género Loligolam.

ICTIOSAURO: (Paleont. Ichthyosaurus) Género de los vertebrados de la clase de los reptiles, orden de los ictiosauros, sinónimo de proteusaurus.

ICTIOSAURO: Orden de los vertebrados de la clase de los reptiles. Su estructura exterior era muy semejante a la de los actuales delfines. La estructura de sus costillas muestra que podían inspirar grandes cantidades de aire para cuando se sumergieran a mucha profundidad, pero ordinariamente vivían en la superficie del agua, ya que su respiración, como la de los reptiles, era pulmonar.

PASCUA:(Isla de) Isla del océano Pacifico perteneciente a Chile, de origen volcánico y figura casi triangular.

La isla es notable por sus estatuas y restos arqueológicos. Las estatuas de tamaño colosal (a veces 5 metros de altura) erigidas sobre una ciclópea obra de mampostería. Hay casas de piedra de más de 30 metros de largo con paredes de 1.80 metros de espesor.

PELASGOS: Nombre que antiguamente se dio a los primitivos habitantes de Gracia, a los que arrojaron de allí los Helenos al inmigrar en aquel país.

SARGAZO: (mar de) porción del océano Atlántico comprendida entre las antillas, las Azores, y la Bermudas, que presenta la particularidad de algas marinas pertenecientes principalmente a las especies del género sargazo, denominada sargassum bacciferum y s. fluitans.

SEIVRES: Voz con que se designan las oscilaciones periódicas de nivel de agua en

la superficie del lago Ginebra y por extensión también en la de otros lagos. El físico Forel ha tratado detenidamente este fenómeno en su obra Le Léman (Lausana 1895).