Capítulo 35

El segundo arrepentimiento de Sophía.

Jesús continuó su discurso y dijo: "Pistis Sophía siguió y sigue cantando alabanzas en un segundo arrepentimiento, y diciendo así:

1. - Luz de luces en quien he tenido fe, no me dejes en la obscuridad hasta el fin de mis días.

2. - Ayúdame y sálvame a través de tus misterios; inclina tu oído hacia mí y sálvame.

3. - Que el poder de tu luz me salve y me lleve hasta los más altos aeones, pues tú me salvarás y guiarás a la altitud de tus aeones.

4. - Sálvame, Oh! Luz, de la mano de este poder rostro de león y de las manos de las emanaciones del dios Obstinado.

5. - Porque eres tú, Oh! Luz, aquél en cuya luz he tenido fe y en cuya luz he confiado desde el principio.

6. - Yo he tenido fe en ella desde el momento en que me emanó y en el que tú mismo hiciste que yo emanase; y he tenido fe en tu luz desde el principio.

7. - Y cuando tuve fe en ti, los regidores de los aeones se mofaron en mí diciendo: "Ella ha cesado en su misterio". Tú eres mi salvador y tú eres mi redentor y tú eres mi misterio, Oh! Luz.

8. - Mi boca se llenó de alabanzas. Que yo pueda hablar del misterio de tu grandeza en todo momento.

9. - Ahora y por tanto, Oh! Luz, no me dejes en el caos hasta el término de mis días; no me abandones, Oh! Luz.

10. - Pues todas las emanaciones de Obstinado me han quitado todo mi poder luz y me han derrotado. Ellas deseaban arrebatarme toda mi luz, por completo, y vigilan mi poder.

11. - Unas a otras se dicen: "La Luz lo ha abandonado. Capturémosla y arrebatémosle toda la luz que hay en ella".

12. - Por tanto, Oh! Luz, no me dejes; vuélvete Oh! Luz, y sálvame de las manos de los inmisericordes.

13. - Que aquéllos que me arrebaten mi poder caigan y se vuelvan impotentes. Que aquéllos que me arrebaten mi poder luz se vean envueltos en la obscuridad y hundidos en la impotencia.

Este es el segundo arrepentimiento que Sophía pronunciara, cantando alabanzas a la luz".

El Padre que está en secreto es el Padre de todas las luces, y a El se dirige el Iniciado.

El Anciano de los Días es el Supremo Señor de todos los misterios.

Cada uno de nos tiene su Anciano kabalístico.

Cada uno de nuestros Ancianos de los Días puede y debe salvarnos a través de sus misterios.

El Padre de todas las luces, el Viejo de los Siglos dentro de nosotros, la parte superior de nuestro propio Ser, puede salvarnos y llevarnos hasta los más altos Aeones.

El dios Obstinado, el ego animal, debe ser reducido a polvareda cósmica.

El Anciano de la Luz es lo oculto de lo oculto, la bondad de las bondades, la misericordia de las misericordias.

Del Padre que está en secreto hemos sido originalmente emanados, tú lo sabes.

Nosotros como seres humanos, hablando esencialmente: como almas, somos el resultado de los distintos desdoblamientos del Viejo de los Siglos.

Los Regidores de los aeones, dentro de nosotros mismos, se mofan del bodhisattva caído diciendo: "Has cesado en tu misterio, eres un cerdo que se revuelca en el lodo de la Tierra".

El bodhisattva es el germen de algún individuo sagrado, ubicado dentro del Esperma Sagrado y con posibilidades de desarrollo, eso es todo.

Indubitablemente, tal germen podría no desarrollarse y entonces la reencarnación resultaría un fracaso.

Los bodhisattvas caídos siempre son un verdadero fracaso.

El Anciano de los Días es el Salvador, es el Redentor, es el Misterio de los Misterios.

Del Anciano de los Días emana el Cristo Intimo, mediante el cual el Padre nos salva.

El Hijo es uno con el Padre y el Padre uno con el Hijo.

Quien ha visto al Hijo, ha visto al Padre.

El misterio de la grandeza del Padre de todas las luces es el misterio de todos los misterios.

Del Caos brota la Luz; cada uno de nos lleva el Caos en sí mismo y dentro de sí mismo.

Alquímicamente, el Caos es el semillero del cosmos.

El Caos Alkimista se encuentra en los mismos órganos creadores.

Sophía no quiere quedarse exclusivamente en el Caos, ella quiere ascender hasta el Aeón Trece.

El Anciano de los Días ayuda en su ascenso a todo Iniciado que anhela subir al Aeón Trece.

El ego, el Obstinado, aborrece a la Pistis Sophía y la derrota sumergiéndola en el Caos y en la desesperación.

Las emanaciones del Obstinado son los agregados psíquicos que en nuestro interior cargamos.

En realidad, todos esos múltiples agregados se roban la Luz.

Dentro de cada agregado psíquico existe cierto porcentaje de Luz aprisionada.

Obviamente, se trata de cierto porcentaje de Esencia o Conciencia embutida, embotellada.

Cada vez que logramos desintegrar algún agregado psíquico, liberamos al correspondiente porcentaje de Esencia o Conciencia allí embotellada.

Así es como podemos aumentar, poco a poco, el porcentaje de Conciencia en nosotros.

Normalmente, la Humanidad posee un tres por ciento de Conciencia libre, si tuviera un diez por ciento ya no habrían guerras.

Los distintos Adeptos que en los últimos tiempos se han sacrificado por la Humanidad, durante fines del siglo diecinueve y parte del siglo veinte, gozan de un cincuenta por ciento de Conciencia despierta.

Sólo los Adeptos resurrectos poseen el ciento por ciento de Conciencia despierta.

Los agregados psíquicos se multiplican dentro del animal intelectual, y como es lógico, le roban la Luz.

Cada agregado psíquico se ha robado un porcentaje de nuestra Conciencia.

Sólo la Luz puede salvarnos de las manos de los inmisericordes que en nuestro interior cargamos.

Que aquéllos que arrebaten el Poder caigan y sean reducidos a polvareda cósmica.

Este es el Segundo Arrepentimiento que Sophía cantara al Anciano de los Días, al Padre que está en secreto.

El Iniciado, lleno de Pistis Sophía, canta al Padre de todas las luces y suplica.