LA AUTO‑ADORACIÓN

En la convivencia en sociedad existe auto‑descubrimiento, auto‑revelación.

Realmente, cuando en convivencia la mente se halla en alerta percepción, los defectos escondidos afloran, saltan fuera, entonces los vemos tal cual son en sí mismos.

Todos los seres humanos, en el fondo, somos narcisistas, enamorados de nosotros mismos. Observad a un cantante en el escenario del teatro: está locamente enamorado de sí mismo, se adora, se idolatra, y cuando le llueven los aplausos llega al clímax de su auto‑adoración, pues eso es precisamente lo que él quiere, lo que anhela, lo que aguarda con sed infinita.

Realmente, la vanidad es la viva manifestación del amor propio. El Yo se adorna para que otros lo adoren.

Cuando el Ego comienza a controlar la personalidad del niño, la belleza espontánea desaparece, entonces se inicia la sobre‑estimación del querido Ego y el niño sueña con dominar el mundo y llegar a ser el más poderoso de la Tierra.