EL CENTRO PERMANENTE DE CONCIENCIA

Analizando detenidamente el bípedo tricerebrado llamado hombre, llegamos a la conclusión lógica de que todavía no tienen un centro permanente de conciencia.

No podemos asegurar que los bípedos humanos estén individualizados, estamos seguros y muy seguros que sólo están Instintivisados.

El querido ego no tiene individualidad alguna, es una suma de factores de discordia, una suma de pequeños yoes, (legión de diablos)

El cuerpo bípedo tricerebrado es una máquina maravillosa que el yo daña miserablemente.

La legión del yo en cinta sucesiva pasa por la pantalla de la mente dándole a esta distintos coloridos de instante en instante.

Cada pequeño yo de los que constituyen la legión denominada ego, tiene realmente su propio criterio personal, sus propios proyectos, sus propias ideas.

El hombre no tiene individualidad alguna, no tiene un Centro Permanente de Conciencia y cada uno de sus pensamientos sentimientos y acciones, depende de la calamidad del yo que en determinado instante controle los centros capitales de la máquina humana.

Aquellos que a través de muchos años de sacrificio y de dolor hemos venido luchando por el Movimiento Gnóstico, pudimos ver en la práctica cosas terribles, muchos juraron con lágrimas en los ojos trabajar por la Gnosis hasta el final de sus días, esos pronunciaron discursos tremendos y prometieron a la gran causa fidelidad eterna, ¿y qué? ¿En qué quedaron sus lágrimas de sangre? ¿En qué sus terribles juramentos? Todo fue inútil, sólo juró el yo pasajero de un instante, pero cuando otro yo desplazó al que juró felicidad, el sujeto se separó de la Gnosis, o traicionó a la gran causa, o se pasó a otra escuela traicionando a la Gnosis.

Realmente el ser humano no puede tener continuidad de propósitos porque no tiene un Centro Permanente de Conciencia. No es un individuo, el yo es una suma de muchos pequeños yoes.

Muchos son los que aguardan la bienaventuranza eterna con la muerte del cuerpo físico, empero la muerte del cuerpo físico no resuelve el problema del yo.

Después de la muerte, el yo pluralizado continúa envuelto en su cuerpo lunar, molecular, el bípedo humano termina pero continúa el yo legión envuelto en su cuerpo molecular, más tarde el ego se perpetúa en nuestros descendientes, retorna... para satisfacer deseos y continuar la misma tragedia.

Ha llegado la hora de comprender la necesidad de producir dentro de nosotros un cambio radical definitivo a fin de establecer un Centro de Gravedad Permanente, un centro de conciencia estable. Sólo así nos individualizamos, sólo así dejamos de ser legión, sólo así nos convertimos en individuos conscientes.

El hombre actual es semejante a un barco lleno de muchos pasajeros, cada pasajero tiene sus propios planes y proyectos, el hombre actual no tiene una sola mente, tiene muchas mentes; cada yo tiene su mente.

Afortunadamente dentro del bípedo humano existe algo más, existe el Budhata, el principio Búdhico interior, la esencia.

Reflexionando seriamente sobre dicho principio Búdhico podemos concluir que este es el material psíquico con el cual podemos darle forma a nuestra alma.

No es exagerado decir que con este principio budhista íntimo podemos crear alma.

Despertando al Budhata creamos alma; despertar el Budhata es Despertar Conciencia.

Despertar conciencia equivale a crear dentro de nosotros un Centro Permanente de Conciencia. Sólo quien despierta conciencia se convierte en individuo, empero el individuo no es el final, más tarde tenemos que llegar a la sobre-individualidad.

Necesitamos desegoistizarnos para individualizarnos, necesitamos disolver el yo para tener un Centro Permanente de Conciencia.

El yo pluralizado gasta torpemente el material psíquico en explosiones atómicas de ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc.

Muerto el yo, el material psíquico se acumula dentro de nosotros convirtiéndose en un Centro Permanente de Conciencia.

Hoy por hoy el ser humano, o mejor dijéramos el bípedo que así mismo se auto califica de humano, es realmente una máquina controlada por la legión del yo.

Una máquina sin sentido alguno de responsabilidad moral, sin continuidad de propósitos, sin existencia real.

Observemos la tragedia de los enamorados, ¡cuantos juramentos! ¡Cuántas lágrimas! ¡Cuántas buenas intenciones! ¿Y qué? De todo eso no queda sino el triste recuerdo: se casan, pasa el tiempo, el hombre se enamora de otra mujer o la esposa se enamora de otro hombre y el castillo de naipes se va al suelo. ¿Porqué? ¡Es claro! Porque todavía el ser humano no tiene un Centro de Gravedad Permanente.

El pequeño yo que hoy jura amor eterno, es desplazado por otro pequeño yo, que nada, absolutamente nada tiene que ver con dicho juramento; Eso es todo.

Necesitamos convertirnos en individuos y esto sólo es posible creando un centro permanente de conciencia.

Necesitamos crear el Centro de Conciencia Permanente y esto sólo es posible disolviendo el yo pluralizado.

Todas las íntimas contradicciones del ser humano serían suficientes para volver loco a cualquiera que pudiese verlas en un espejo; la fuente de tales contradicciones es la pluralidad del yo, el yo es muchos.

Quien quiera disolver el yo tiene que empezar por conocer sus íntimas contradicciones; Desgraciadamente a la gente le encanta engañarse a sí misma para no ver sus propias contradicciones.

Quien quiera disolver el yo tiene que empezar por no ser mentiroso; Todas las personas son mentirosas consigo mismas, todo el mundo se miente a sí mismo.

Si queremos conocer la pluralidad del yo y nuestras perennes contradicciones, debemos no auto-engañarnos, la gente se auto-engaña para no ver sus contradicciones íntimas.

Es necesario conocer nuestras eternas contradicciones para descubrir la pluralidad del yo y disolverlo.

Todo aquél que descubre sus íntimas contradicciones siente vergüenza de sí mismo con justa razón; comprende que no es nadie, que es un infeliz, un miserable gusano de la tierra.

Descubrir nuestras propias contradicciones íntimas es ya un éxito porque nuestro juicio interior se libera espontáneamente.

El hombre que es guiado por la voz de la Conciencia marcha victorioso por el camino recto.

Todo hombre sometido al juicio interior se convierte de hecho y por derecho propio, en un buen ciudadano, en un buen hermano, en un buen padre, etc., etc.

Para conocer nuestras íntimas contradicciones es necesario auto-descubrirnos.

Quien se auto-descubre puede trabajar con éxito en la disolución del yo pluralizado.

Las íntimas contradicciones se fundamentan en la pluralidad del yo.

Las tremendas contradicciones que cargamos dentro, nos amargan la vida lastimosamente.

Somos obreros y queremos ser potentados, soldados y queremos ser generales, pensamos en conseguir una casa propia y luego que ya la conseguimos la vendemos porque nos cansa y queremos otra, o deseamos viajar, con nada estamos contentos, buscamos la felicidad en las ideas y estas también desfilan y pasan, buscando la felicidad en la convivencia, con las amistades que hoy están con nosotros y mañana contra nosotros y vemos que todo eso es ilusorio.

Nada en la vida puede darnos felicidad, con tantas contradicciones somos unos miserables.

Es necesario acabar con el yo pluralizado sólo así podemos acabar con el secreto origen de todas nuestras contradicciones y amarguras.

Quienes ya disolvieron el yo poseen de hecho un Centro Permanente de Conciencia.

Son muchos los que quieren entrar por el camino de la auto-realización íntima, pero son pocos los que pueden ver el camino.

En el mundo existen muchas escuelas y sistemas y muchas gentes que viven mariposeando de escuelita en escuelita, siempre llenos de íntimas contradicciones, siempre insatisfechos, siempre buscando el camino y no lo encuentran aun cuando esté muy cerca de sus ojos; El yo pluralizado no les deja ver el camino de la verdad y de la vida.

El peor enemigo de la iluminación es el yo.

Se le preguntó a un Maestro: ¿Qué es el camino? ¡Qué magnífica montaña! Dijo, refiriéndose a la montaña donde tenía su retiro. “No os pregunto acerca de la montaña sino acerca del camino”, “Mientras no puedas ir más allá de la montaña, no podrás encontrar el camino” replicó el Maestro.

“Otro monje hizo la misma pregunta a este mismo Maestro. La respuesta fue: Allá está justo delante de sus ojos”. ¿Por qué no puedo verlo? “Porque tienes ideas egoístas” ¿Podéis verlo señor? “Mientras tengas una visión dualista, y digas: yo no puedo -y tú puedes-, y así por el estilo, tus ojos estarán obscurecidos por esta visión relativa”.

El yo puede también hacer buenas obras y ganar muchos méritos que mejoren su carácter psicológico, pero jamás podrá llegar a la iluminación.

Debemos buscar la iluminación, que todo lo demás nos será dado por añadidura.

Es imposible llegar a la iluminación sin tener un Centro Permanente de Conciencia.

Es imposible tener un Centro de Gravedad Permanente sin haber disuelto el yo pluralizado.