EL ESPECTRO DE KUNDRY

En el segundo acto del Drama Wagneriano, aparece con entera claridad siniestra, el interior y el calabozo horrible de un vetusto torreón semi-derruido.

Una galería de piedra viva conduce inevitablemente al almenaje de la Dantesca Muralla.

Reina aterradora oscuridad en el fondo misterioso de aquel negro antro, hacia el que se desciende siempre desde la estribación terrorífica del muro.

Variadísimos instrumentos de Magia Negra y aparatos de Nigromancia aparecen esparcidos aquí, allá y acullá...

En la estribación pavorosa del abyecto muro de las abominaciones, hacia un lado, está el tenebroso KLINGSOR sentado fatalmente ante el famoso espejo metálico de la Magia...

En el pérfido dechado ve el izquierdo personaje de las sombras, desfilar astralmente todos los extraordinarios sucesos del acto anterior ocurridos en los Dominios del Santo Grial.

Existen momentos supremos de la humanidad y éste es precisamente uno de ellos; ha llegado el instante terrible; la hora de las grandes decisiones.

El tétrico Mago de las tinieblas ha conseguido atraer hacia su antro, como a tantos otros infortunados caballeros, al ingenuo muchacho PARSIFAL, con el evidente propósito Maquiavélico de hacerle caer espantosamente en medio de los encantos de las irresistibles mujeres-flores, terriblemente bellas.

Aquel sueño Hipnótico fascinante y tremendo en que momentos antes vimos había hecho sumergirse a KUNDRY -la mujer sin nombre, la Diablesa originaria, la sanguinaria Herodías, la arpía Gundrigia-, está surtiendo ahora todos sus atroces efectos.

El Señor de las tinieblas clama con gran voz desde el fondo del abismo, invoca y llama...

Aparece el espectro de KUNDRY entre los azulados vapores mefíticos de la ignominia; en el pebetero arden la mirra, la asafétida, el incienso y muchos otros perfumes evocadores.

"¡Ah!... ¡Ah!... ¡Noche tenebrosa! ¡Misterio, locura, furia!... Sueño, sueño de dolor y de desgracia..., sueño profundo... ¡Muerte!", clama desgarrada la originaria y gentil diablesa de diablesas.

El izquierdo personaje sombrío da órdenes imperativas, KUNDRY en vano protesta pues al fin se ve obligada a obedecer.

Resignarse a servir otra vez de instrumento de perdición... ¡Qué horror!..., envolver en sus encantos a PARSIFAL, hacerle caer como al buen rey AMFORTAS, es la orden y la infeliz cuitada es tan sólo una esclava al servicio del perverso.

Completada la orden sugestiva del malvado, éste se hunde rápidamente con toda la torre y como por arte de magia surge entonces un jardín delicioso que ocupa toda la escena.

Una espléndida vegetación tropical y lujuriante se extiende lasciva como aguardando vorazmente la plena satisfacción de los placeres bestiales...

Con regia veste de sedosa gama y coronado en árboles bermejos, se empina el espectro de KUNDRY para mirar de lejos el magnífico y amplio panorama.

Escucha muda, perpleja, el albo río que entre peñas brama partiéndose en cejos; y vele retratar en sus espejos del áureo sol la omnipotente flama.

Las estrellas en solio de amaranto en el espacio inmenso yérguense vecinas, salpicando de gotas cristalinas las negras hojas del dormido acanto.