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Capítulo 81

Jesús lleva a Sophía nuevamente al Décimo Tercer Aeón.

Y sucedió entonces, cuando Jesús hubo terminado de decirles a sus discípulos todas las aventuras que había tenido Pistis Sophía, cuando ella estuvo en el caos, y el modo como ella había entonado alabanzas a la Luz, que la debía salvar y sacar del caos, y llevarla a los doce aeones y también la forma como la había salvado de sus aflicciones con las que los regidores del caos la habían restringido, porque ella quería ir hacia la Luz, que Jesús continuó nuevamente en su discurso y dijo a sus discípulos.

"Y sucedió después de todo esto, que yo tomé a Pistis Sophía y la conduje al décimotercer aeón, brillando extraordinariamente, siendo inconmensurable la luz que me rodeaba. Yo entré en la región de los veinticuatro invisibles que brillaban extraordinariamente. Y ellos entraron en gran confusión; vieron a Sophía que estaba conmigo. A ella la conocía, pero de mí no sabían quién era y me consideraban como una emanación de la Tierra - Luz.

Y sucedió que cuando Pistis Sophía vio a sus semejantes, los invisibles, se regocijó muchísimo y me vanaglorió deseando proclamar las maravillas que yo le había prodigado abajo en el mundo de los seres humanos hasta que yo la salvé. Ella entró hasta el centro de los invisibles, y entre ellos entonó alabanzas a mí diciendo:

Sólo el Cristo Intimo salva a los Iniciados y arregla sus deudas.

Esto sólo es posible a base de grandes arrepentimientos y profunda comprensión.

La región de los veinticuatro Ancianos es el Aeón Trece.

Los veinticuatro Ancianos están dentro de nosotros mismos, son las veinticuatro partes zodiacales de nuestro propio Ser.

Los veinticuatro Ancianos conocen muy bien al Alma Humana.

Los veinticuatro Ancianos saben que el Cristo es el fuego central de la Tierra.

Cristo es I N R I, el fuego central de la Tierra y de cualquier Sol o Galaxia.

El Fuego Viviente o Filosofal arde en el núcleo de cualquier Unidad Cósmica.

Sophía canta las alabanzas de la Luz a sus semejantes invisibles.

1. Yo daré gracias a ti, Oh! Luz, porque tú eres una salvadora, tú eres libertadora por siempre.

2. Yo entonaré este canto a la Luz porque me ha salvado y me ha liberado de las manos de los regidores, mis enemigos.

3. Y tú me has preservado en todas las regiones, tú me has salvado de las ataduras y de las profundidades del caos y fuera de los aeones de los regidores de la esfera.

4. Y cuando yo salí de las alturas, y recorrí las regiones en que no hay luz, y yo no podía regresar al treceavo aeón, mi morada.

5. Porque no había en mí luz ni poder. Mi poder se había debilitado completamente.

6. Y la luz me salvó de todas mis aflicciones. Yo entoné alabanzas a la Luz, y me escuchó cuando yo estaba restringida.

7. Me guió en la creación de los aeones para llevarme al décimotercer aeón, mi morada.

8. Yo te daré gracias, Oh! Luz, porque me has salvado; y por tus grandiosos trabajos entre la raza de los hombres.

9. Cuando me faltó mi fuerza, tú me diste, y cuando me faltó luz, tú me inundaste con luz purificada.

10. Yo estaba en las tinieblas y en la sombra del caos, apresada por los terribles grilletes del caos, y no tenía ninguna luz.

11. Porque yo he provocado a quien comanda la Luz y lo he transgredido, y he encolerizado a quien comanda la Luz, porque yo había salido de mi región.

12. Cuando yo descendí, y perdí mi luz y me quedé sin luz, nadie me ayudaba.

13. Y en mi aflicción, entoné alabanzas a la Luz, y me salvó de mi aflicción.

14. Y también me rompió mis ligaduras y me sacó de las tinieblas y de la aflicción del caos.

15. Yo te daré gracias a ti Oh! Luz, que me has salvado y por tus maravillosos trabajos que has llevado a efecto en la raza de los hombres.

16. Y tú has roto las rejas superiores de las tinieblas y los dardos del caos.

17. Y me permitiste partir de la región en la que yo había transgredido y me habían quitado la luz porque yo había transgredido.

18. Yo terminé con mis misterios y bajé a las puertas del caos.

19. Y cuando fui constreñida, entoné alabanzas a la Luz. Me salvó de todas mis aflicciones.

20. Tu enviaste tu corriente; me dio fuerzas y me salvó de todas mis aflicciones.

21. Yo te daré gracias, Oh! Luz, porque me has salvado, y por tus maravillosos trabajos en la raza de los hombres."

Este es entonces el canto que Pistis Sophía entonó en medio de los veinticuatro invisibles, deseando que ellos conocieran que yo he ido al mundo de los hombres y les he participado los Misterios de las Alturas. Ahora por lo tanto, quien esté exaltado en sus pensamientos, que se adelante y diga la solución del canto que Pistis Sophía entonara."

Cristo es la Luz y la Vida; aquél que en él confía, nunca andará en tinieblas.

Los regidores enemigos son los agentes de la Ley. Sin embargo, debemos comprender el significado de la parábola; los maestros del Karma están obligados a administrar la Ley.

Tanto en las Alturas como en las profundidades del Caos y fuera de los Aeones, existen graves peligros.

Los regidores de la Esfera siempre nos llaman a rendir cuentas en los Tribunales de la Justicia Objetiva.

Cuando el Iniciado provoca a quien comanda la Luz y viola la Ley, quien comanda la Ley le castiga.

El Cristo Intimo tiene que trabajar intensivamente dentro del hombre Iniciado para desintegrar los elementos psíquicos indeseables y salvarle.

El violador de la Ley vive en las regiones donde ha transgredido la Ley, mas el Cristo Intimo le deja salir de las citadas regiones, por compasión y a condición del supremo arrepentimiento.

El Iniciado caído pierde sus sagrados Misterios y cae en las prisiones del Caos.

El Cristo Intimo desciende al mundo de los hombres y les participa los Misterios de las Alturas cada vez que es necesario.

El Señor se reencarna siempre que decrece y se degenera la Religión y el mal toma fuerza.